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En el principio era la palabra

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EN EL PRINCIPIO ERA LA PALABRA

El lunes 15 de febrero de 1951 el Presidente Laureano Gómez se sentó con su gabinete en pleno y todos firmaron un Decreto, el No. 382, “creando el cargo de intérpretes oficiales”. Un acto casi bíblico, de verdad. No tenía antecedentes: ningún país en el hemisferio tenía la figura[1] . No tuvo motivación – pues, era decreto.  No tuvo criterios de calificación[2]. Pero la creación quedó en sus palabras.

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Y, ¿la materia prima?  Los traductores oficiales originales parecen haber aparecido de la nada: ninguna universidad en Colombia tenía una carrera de idiomas[3].   Con excepción del colegio alemán[4] los colegios bilingües de Bogotá escasamente tenían la antigüedad para ofrecer candidatos idóneos al mercado[5].

Y, ¿ la calificación de candidatos? El Instituto Electrónico de Idiomas fue creado tan solo en 1958[6]  como dependencia del Ministerio de Educación.  Éste manejó el Examen durante 38 años, antes de fusionarse con la Universidad Nacional. Diez años más tarde, una Ley Antitrámites abrió la calificación a cualquier universidad con programa de lenguas aprobado[7], pero hasta ahora solamente la Universidad de Antioquia se ha aprovechado de esta posibilidad.

En todo caso, seis meses después del Decreto creador se emitió un reglamento[8] y entre otras, si fijaron unas tarifas oficiales, “… para traducciones del latín, francés, inglés, italiano y portugués a razón de diez centavos por línea…”.  Como la lista de idiomas no es alfabética, se podría suponer que los idiomas aparecen en orden de popularidad o de mayor demanda.

Para su sustento en 1951, el traductor ganaba $0.10 por línea, es decir, aproximadamente $0.01 por palabra, equivalente a unos $350 hoy[9]. Y los demás idiomas, el doble. Así quedaron durante 17 años, cuando se ajustaron las tarifas. Pero la nueva tarifa era $50 por página (menos el 30% en laborales y 50% en penales)[10], una rebaja efectiva de al menos el 50%. Seguramente, hubo ruido de sables en las filas de los que vivían de las letras porque 15 meses más tarde, sin explicaciones ni excepciones,  se duplicó su remuneración a $100[11].  Como consecuencia, en 1970 el traductor podía ganar algo similar a una secretaria bilingüe ejecutiva o un ejecutivo junior en un banco - unos $6,000 mensuales - con apenas unas 60 cuartillas al mes (eso sí, a punta de uñas rotas y Tippex[12]).

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Pero así quedó esa remuneración durante 34 años, hasta 2002 con el Acuerdo 1518/2002[13].  Mientras tanto, el Departamento de Traducciones de la Cancillería que durante años había tenido que recibir los encargos de traducción del público, estaba atado por una tarifa económicamente tan irreal (y tan abusada por los usuarios) que en la mitad de los 90 decidió cerrar sus puertas a la calle.

Hoy, en una plaza de otra manera libre, y a diferencia de nuestros colegas de los grafólogos, odontólogos, agrimensores, joyeros, expertos en obras de arte, mecánicos y electricistas - auxiliares – el CSJ ha confirmado[14]. una remuneración potencialmente adecuada. Pero, como la experiencia nos ha enseñado, hay que asegurarnos que no nos quede, como en el principio,  en la palabra.

Hoy hay un proyecto de ley que regula a los traductores e intérpretes oficiales en el congreso que ya pasó el primer debate de los seis debates, de rigor.

Referencias:

[1] EL primero después fue Argentina, Ley 20.305 de 1973

[2] El Ministerio de Educación fue encargado de hacerlo. Pero su dependencia, el Instituto Electrónico de Idiomas, fue creada solamente en junio de 1958 (Decreto 0207).

[3] Las primeras reconocidas parece que fueron la Nacional (1959) y los Andes (1964).

[4] El Andino, fundado 1922, para el idioma alemán.

[5] Por ejemplo, Liceo Francés, fundado 1934; Colegio Nueva Granada, 1938; Marymount School, 1948

[6] Decreto 0207

[7] Ley 962/2005. Art. 3 modifica el Art. 4 del Decreto 382/1951

[8] Decreto 2257 de octubre 27

[9] El dólar estaba a par con el peso en 1951. Las traducciones oficiales se presentaban en papel sellado notarial. La fuente empleada en las máquinas de escribir de ese entonces era casi universalmente de pica 12. El multiplicador 1951-2020 es de 9,7. Vale notar que este nivel de US$0,10 por palabra está citado en varios sitios de internet como el promedio de referencia y algo por debajo de lo recomendado por el ATA (q.v.).

[10] Decreto 2367, 9 de septiembre de 1968 Arts. 37, 38

[11] Decreto 2265, 31 de diciembre de 1969 Art. 36.

[12] Tippex era un líquido para tapar o corregir errores de mecanografía. Y mecanografía era …….

[13] Acuerdo 1518/2002 Consejo Superior de la Judicatura

[14] Acuerdo 16448/2015 Consejo Superior de la Judicatura

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